Cangrejo, Maja y Obatala

Obatalá estaba vendiendo una bebida en la plaza y Cangrejo que estaba por allí, le pidió que le despachara un vaso....
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El príncipe que se volvió oricha

Allí encontró un coco seco al que le brillaban dos pequeños ojos y con gran respeto lo recogió, ante el asombro de sus acompañantes, que no entendían cómo un objeto, al parecer insignificante, había logrado apaciguar al inquieto muchacho...
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Complot contra Olofin

Elegba fue para la casa de Olofin y se escondió. Después llegaron los orichas y lanzaron ratones dentro del ilé...
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El ávaro

Un día Elegba pasó por allí disfrazado de mendigo y le pidió que diera algo para comer...
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El fiestero

Transcurrieron varias semanas, las semanas se convirtieron en meses y Obatalá nunca decía cuándo se acababa de ...
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El amor hace cometer errores

Elegba, disfrazado de hombre elegante, comenzó a cortejar a la muchacha... sigue...
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Paz entre dos titanes

Tantos fueron los chismes y tan grande fue la intriga, que los otrora inseparables amigos se disgustaron entre sí....
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Salvaje y enamorado

Oggún era hijo de Yemayá. Por su nobleza, bondad y disciplina, la madre le concedió la gracia de ser el único que podía descargar los barcos, negocio con el que ganó mucho dinero.
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Intentando quemar una casa

Oggún tuvo un disgusto con Orula a causa de Ochún, la dueña de la femineidad y la dulzura...
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El perro y el cazador

Un día el cazador se detuvo a escuchar los ladridos del animal y se dio cuenta de que si no buscaba la forma de aliarse a él...
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Oggún come perro

Los canes empezaron a engordar y estaban muy contentos de cómo los trataban en aquel sitio...
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El nacimiento de la guerra entre dos dioses

Una noche, Oggún, lleno de soberbia, amarró con sus cadenas a Changó mientras dormía
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El fuelle quedó sumiso

estaba trabajando en su herrería y la candela se le apagaba constantemente...
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Llegó un extranjero

Un hombre llamado Obé, llegó a un pueblo solicitando hospitalidad y trabajo.
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¿Un trago antes de la pelea?

–Quiero pelear, pero sin prisa, porque nos sobra toda la vida. Bebamos primero. ¿No tienes sed?

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La esposa curiosa

Ochosi iba todos los días a cazar animales, los que ofrendaba a Olofin y tomaba las carnes para su sustento.
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El pacto entre Oggún y Ochosi

Orula les dijo que todo se debía a la mano de Elegba, quien no quería que los cazadores se amigaran sin su presencia. Debían ofrecerle un akukó al dueño de los caminos y hacer rogación con un machete y una flecha para luego llevarlos al monte.
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Traición al hermano

En una oportunidad se emborracharon. Osun se quedó dormido y Elegba, que tenía hambre, fue y se robó un chivo.
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Castigo

Cuando por fin pudo entregar una codorniz en manos del Supremo Hacedor, este le dijo: “Pide un deseo y te será concedido.”
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La lámpara de calabaza

Olofin había hecho a los hombres y Olorun, el Sol, les daba la luz para que crecieran, trabajaran y con el fruto obtenido pudieran comer y vestir.
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Fuerza y dulzura

...intentó cruzarlo sin ninguna ayuda, pero al sumergir sus inmensos pies en el agua, la poderosa reina Ochún, dueña del lugar, golpeó con fuerza sus tobillos...
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Ochún y el majá

Ochún era la esposa de Oggún, el temible oricha del hierro y las fraguas. Un día en que se sentía mal del estómago consultó al dilOggún y le salió que tenía que hacer rogación con ekú, eyá, epó, akukó y poner cuatro trampas en su casa.
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Fuego en la boca

En eso entró Dadá, la hermana de Changó y le preguntó algo. Cuando Oyá fue a responder le salieron llamas de la boca. La hermana del oricha se entusiasmó y le pidió a Oyá que le dijera el secreto.
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El rayo, un regalo de Olofin

Olofin mandó buscar a Changó, pero este no quiso ir ante su presencia porque estaba bailando en el güemilere.
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Gritos en el cielo

Changó, que salió último, pudo a duras penas cazar su ratón y para que no desconfiaran de él, se lo metió en la boca.
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Olvido

Oyá se entretuvo en los trajines de la casa y fue dejando para después el encargo de Olofin, que terminó por olvidar del todo.
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La venganza de Oya

Oyá salió a la calle y comenzó a cortarle la cabeza a todo aquel que consideraba enemigo de Orula. Iba depositando las cabezas en las canastas.
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Encadenado al fondo del mar

Olokun revolvió el fondo de los océanos y los mares comenzaron a botarse, los hombres morían por miles y las aguas destruían enteras ciudades.
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Enfurecido

...el lugar, en apariencia apacible, resultó ser un verdadero infierno. La discordia reinaba entre sus habitantes...
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Dos esposas para el rey del mar

Olokun tenía una esposa que se llamaba Ajé, la que constantemente estaba peleando. Un día, la insufrible mujer tuvo un disgusto muy grande con su marido y abandonó el hogar con su único hijo.
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La deuda

Desde hacía algún tiempo, Orula tenía una deuda con Changó. Casi todos los días el dueño del rayo y el trueno pasaba por casa del viejo, para ver si ya estaba en disposición de pagarle.
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Oyá salva a Changó

En una oportunidad Changó se vio rodeado por enemigos que lo buscaban. Había perdido su caballo y, huyendo, llegó por fin al lugar donde vivía Oyá, allí nadie sabía que era esposa de Changó.
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Una prueba de amor

Changó, el dueño del rayo y el trueno, tenía tres esposas: Oyá, la que lo acompañaba a la guerra; Oba, la esposa fiel que atendía hasta sus más mínimos deseos y Ochún, la que endulzaba sus noches.
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Changó fue esclavo

Le vino tal alegría al escuchar que sería libre que se puso a tocar su tambor. Los que escucharon aquellos toques no pudieron resistir la tentación y salieron a bailar.
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Querian matarlo con una serpiente

Allí querían matarlo, pero como el sabio se había registrado, el oráculo se lo advirtió y le indicó que antes de hacer cualquier cosa en aquel lugar que pilara ñame.
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La joya desaparecida

Había un ciego que todos los días cantaba ante el rey y aunque este le hacía regalos seguía pidiendo limosnas, pues decía que mientras su Ángel de la Guarda no lo traicionara, no había rey que pudiera hacer nada contra él.
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Orula descubre los engaños

Se vivía un tiempo de mucha escasez y los orichas no contaban con los alimentos suficientes. Sin embargo, Orula vivía holgadamente, pues los aleyos que consultaba le proveían de adié, akukó, eyelé y otros muchos animales.
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Orula descubre el nombre de Yeyé

Uno de los enamorados era Orula, el dueño de los oráculos; pero como no podía averiguar cómo se llamaba la linda muchacha, le pidió ayuda a Elegba y le dijo: “Averigua el nombre de la muchacha que tiene rotos los corazones de los hombres. Sólo tú puedes conseguirlo.”
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Changó disfrazado

Changó llegó a un pueblo y después de alquilar una casa izó su bandera roja y blanca tan alta como la del rey de aquel lugar.
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Changó y su perro

A Oggún le gustaba tomar otí en un establecimiento que era propiedad de Yemayá, la esposa de Changó. Pero a Oggún le empezaron a ir mal los negocios y lejos de renunciar a la bebida...
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La ira de Changó

Osogbo no quiso darle un abó a Changó para que mejorara su suerte. Changó, cansado de la desobediencia de este, le lanzó un rayo y le quemó la casa.
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La lluvia de oro

Changó anunció al campesino que llovería oro sigue...
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Changó conoce quién es su madre

Corriendo una de sus múltiples aventuras, Changó llegó a un pueblo donde reinaba una mujer. El hechizo que ejerció sobre el dueño del trueno no se hizo esperar, por lo que comenzó a cortejarla de inmediato.
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Yemayá le fue infiel a su marido

Yemayá Okute era la esposa del campesino Oggún. Quizá aburrida de la monotonía de la vida conyugal o, a lo mejor, cansada de la aspereza de su marido, comenzó a serle infiel con un hombre de vida desordenada llamado Babalú Ayé. sigue...
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Oyá no quiere saber más de los carneros

Oyá tenía un rebaño de carneros. Había uno pequeño que por cariñoso se había convertido en su mascota.
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Ochún encuentra una amiga

Ochún había acabado de dar a luz a los Ibeyis y su cuerpo comenzó a perder la forma agradable y tersa que tanto gustaba a los hombres. Ya su vientre no era aquel que tanto se disputaron los más apuestos varones. Se pasaba los días mirándose en el espejo y no cesaba de llorar ni de buscar los más disímiles remedios para recuperar la belleza perdida. Ensayó baños que le recomendaron y se procuró yerbas de distintas procedencias y propiedades. Pero todo resultaba inútil.
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La lengua

Muchos hombres se jactaban de sus conocimientos culinarios en la tierra de los orishas. Hacían grandes banquetes en las plazas y ofrecían a muy bajo precio sus platos para que todo el que pasara pudiera comer de sus ollas y atestiguara que había probado los bocados más deliciosos de su vida. Aún no se sabe la causa de tanta emulación; pero por esos años en las tierras yorubas reinaba un singular esplendor económico y bastaba que un sinsonte cantara para que se reunieran todos debajo de los árboles gigantes que centraban el pueblo y comenzaran con los trajines del mercadeo, la música y las artes del hablar.
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Changó se enamora del tambor

Oggún y Ochosi deseaban hacer algo que los alegrara y pusiera a todos a bailar, que produjera un sonido agradable, musical, para que llegara hasta el alma de cada cual.
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Ochún traslada el tesoro

Ochún debía viajar al campo. Su esposo, Orula, le aconsejó que cocinara ñame, hiciera tres pelotas y pusiera una flecha dentro de cada una.
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El gallo presumido

Gallo era muy presumido y alardeaba demasiado de su potencia sexual. Un día tuvo que salir de su pueblo en busca de trabajo porque todo le iba muy mal, ya que una gran sequía azotaba la zona. Se encontró con Changó, su viejo amigo, que le preguntó:
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La bondad de Yemayá

Olofin estaba disgustado con los pobladores de la Tierra porque ellos lo habían olvidado. Por eso les quitó la lluvia. Con tan prolongada sequía se morían los animales, se secaban las siembras y no había casi agua que tomar.
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La muerte, hambrienta

Olofin estaba ya viejo y muy cansado. "Tengo que abandonar las cuestiones del mundo", pensaba constantemente. Fue así que un día decidió: "Voy a llamar a Orula y a Ikú, a ver cuál de ellos elijo para sustituirme."
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Abrieron la sepultura

Eulalia era una mujer de su casa y para su casa. Habían pasado ocho años desde que se casó con el negro Ramón y se fueron a vivir juntos. La raptó de la casa de sus padres encima de una yegua recién parida que por poco rompe la cabeza a Eulalia de una coz cuando temió que se acercase demasiado a su potrico. Estaba de moda por aquellos tiempos ese tipo de matrimonios: se conocían en algún baile del batey, bailaban de lejos intercambiando miradas lascivas, alguna que otra sonrisa y cuando se daban cuenta de que la atracción era mutua se las arreglaban para conversar entre disimulos.
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La experiencia de los viejos

Los jóvenes trabajaban con los ancianos en la construcción de las casas; pero no ganaban lo que ellos creían merecer, a pesar de que hacían los trabajos más fuertes y menos calificados. Además tenían que someterse a la dirección de los viejos que, según ellos, eran majaderos e intransigentes. Por eso decidieron separarse y trabajar por cuenta propia.
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Perdido en el bosque

Hace mucho tiempo un hombre que era cojo, manco y tuerto, pero también poseedor de los secretos de las plantas, sus usos y aplicaciones, así como del lenguaje de todos los pájaros y los animales del monte, vivía en la tierra de los congos.
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Un amante, dos hermanas

Orula estaba casado con Yemayá, pero en una ocasión que se encontraba en el campo buscando alguno de los ingredientes que necesitaba para trabajar su Ifá, se encontró con Ochún.
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El poder de los gatos

Los ratones eran vagos, se pasaban el día tomando otí y también les gustaba robar. Para ello, se introducían en las casas ajenas por túneles que cavaban con sus poderosos dientes y se llevaban todo lo que podían, mordían las frutas y los vegetales, echaban a perder las cosechas, saqueaban los graneros, eran despreciables depredadores.
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Ochún es sorprendida leyendo el diloggún

Ochún, a la que también se le conoce por Iyalodde o Yeyé, era la apetebí de Orula, su esposa legítima y su acólita en los días que el adivino debía consultar el oráculo a petición de sus clientes.
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Intento de estafa

Changó se dirigía en su caballo hacia un pueblo que no había visitado jamás y donde nadie lo conocía. El corcel iba a galope tendido y la capa roja del oricha flotaba dándole al jinete su inconfundible aire de gran señor.
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Olokun, violenta y encadenada

Orishaoko paseaba una tarde por Ia orilla del mar donde vio asomar el rostro de una hermosa joven, temiendo aún que fuera un espejismo le preguntó su nombre y quién era su padre.
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La separación entre el cielo y la tierra

Cuando el mundo sólo estaba habitado por los orishas y los hombres creados por Obatalá, estos viajaban del Cielo a la Tierra sin ningún obstáculo.
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Changó le teme a los muertos

La consolidada relación amorosa entre Changó y Ochún humillaba y enfurecía a Oyá. Al principio, ella bbuscaba la manera de ignorar la situación con la esperanza de que él pronto se cansaría de sus andanzas y regresaría a sus brazos; pero Changó no daba ninguna señal de tener la intención de no ver más a Ochún. Y Oyá, quien era una mujer resuelta, decidió poner fin a la infidelidad de Changó a su modo.
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La gallina perdida

Ologuifún se encontró con Orula en el camino. El adivino se quedó mirándolo y le dijo que tuviera cuidado, pues podía pasar una pena, y que fuera por su casa a consultar el oráculo. El incrédulo se burló de Orula, le dijo que él no creía en su oráculo y lo insultó.
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Comerás mierda

El gato vivía en un vasto territorio, donde crecían las frutas del mango, la guayaba, el canistel y otras que, por su preciado sabor, mantenía en secreto para evitar la invasión de extraños. Tenía todo de lo que pudiera necesitar: alimentos, casa, riquezas; pero su esposa no le había dado un hijo antes de morir. En los albores de la vejez comprendió que tenía necesidad de llenar el vacío que le rodeaba.
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La riqueza de la calabaza -y de la sabiduría

La hambruna estaba acabando con la población de la aldea. Makuaché no sabía qué hacer para mantener a su mujer. Buscaba alguna solución; pero nada hallaba. No se ofrecía trabajo en los molinos ni en los campos; el arroz había sido devorado por la plaga de langostas y los sembradíos de millo habían sido atacados hasta verse sólo unos pequeños tallos moribundos que no tardaron en secarse y expirar por la ausencia de las lluvias...
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Ritual del Tambor de Fundamento a los Orichas

Cuando una persona iniciada en la Regla Ocha y el Culto a Ifa, se le indica a través de cualquiera de los sistemas adivinatorios del culto de los yorubas o que sea de ofrecimientos en particular de algún religioso, diremos los pasos a seguir sin omitir nada, primeramente tiene que ver si nunca le ha tocado a sus mayores, pues la obligación consiste en que tendrá obligatoriamente que darle un tambor al Oricha que rige la cabeza de su madrina o padrino de Ocha, en caso de que esta/e esté fallecida/o, deberá tocarle primero a Egun (muerto) y después al Oricha que tenía asentado su padrino o madrina en vida, posteriormente deberá tocarle al Oricha de su oyubona (segunda madrina o padrino) y si esta/e estuviese fallecida/o deberá proceder de la misma forma que el caso de la madrina o padrino fallecida/o, tocarle a Egun (muerto) y después al Oricha que regía la cabeza de su Oyubona, más tarde este iniciado procederá a tocarle al Oricha regidor de su cabeza...
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La realeza del Loro

Se celebraría una fiesta en el cielo a la que estaban invitados todos los animales. Rendirían homenaje a Oloddumare por su gran sabiduría y el modo con que estaba ordenado las cosas en la tierra. Iban las aves con sus mejores galas, los animales del monte con sus perfumes salvajes y músculos siempre alertas...
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Cómo el cangrejo se quedó sin cabeza

Los animales y los hombres andaban sin rumbo cierto por los caminos del mundo recién creado, cometían actos inciertos sin conocer sus posibles consecuencias. Chocaban unos con otros, se hacían heridas por accidente sin importarles si fluía la sangre sobre la piel, a fin de cuentas tampoco morían; no se amaban, ni se odiaban, ni elegían jefes, ni bailaban, ni hacían música.
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El kikirikí y la muerte

Hubo un tiempo en que la muerte no era conocida entre los habitantes del mundo. Vivía apartada en u lugar desde donde observaba la obra de los hombres y cada mínimo detalle de lo que hacían.
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La desconfianza de Oggún

"La gente no es lo que tú esperas de ella": fueron las palabras que Oloddumare dijo a Oggún intentando decirle que no tenía amigos... sigue...
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El yunque

El yunque, en un tiempo remoto, era un ser humano. Caminaba con dos pies, exactamente como todos los hombres y se llamaba así mismo como le decían, sólo que con mayúsculas: Yunque. ... sigue...