El príncipe que se volvió oricha

Allí encontró un coco seco al que le brillaban dos pequeños ojos y con gran respeto lo recogió, ante el asombro de sus acompañantes, que no entendían cómo un objeto, al parecer insignificante, había logrado apaciguar al inquieto muchacho...
sigue...
|

El fiestero

Transcurrieron varias semanas, las semanas se convirtieron en meses y Obatalá nunca decía cuándo se acababa de ...
sigue...
|

Oggán se va a vivir con Obatalá

Changó, que ambicionaba la posición de Aggayú, hechizó a Elegguá y seleccionó a un grupo de hombres para que interceptaran el barco y robaran las vituallas...
sigue...
|

Los disfraces de Olokun

En la discusión por sus favores, Elegguá y Ochaoko se sacaron los trapos sucios, y Olokun se enteró de los errores que habían cometido. Olokun les advirtió entonces que la tierra tenía que prosperar, que lo malo tenía que acabarse y que tenía que haber tranquilidad...
sigue...
|

Yewá se retira al cementerio

Los framboyanes anaranjados y amarillos; los jagüeyes matizados de verdes y carmelitas; las ceibas cuyas ramas invocaban a Olofin; las rosas, las margaritas, las gardenias, las violetas; las pocetas con lirios que nacían en lo profundo del limo; los ríos con sus cataratas que formaban arcoiris...
sigue...
|

Eleggua es el primero en comer

Obatalá tenia un hijo desobediente y descreído llamado Nifa Funke, que le daba muchos dolores de cabeza. Desde su escondite en las malezas, Elegguá veia como Nifa maltrataba a su padre de palabra y de obra, y decidió darle un escarmiento.
sigue...
|

Eleggua, el sepulturero

Eran los tiempos en que cualquier dolor se resolvía con hierbas y hasta las enfermedades más extrañas. Se servían de los secretos del monte que una vez en posesión de algún viejo osainista, como definían al yerbero, adquirían cierta carga de magia y de mediación divina. Los osainistas eran conocedores de los misterios de las plantas del monte y por ende eran protegidos por una deidad...
sigue...
|

Las garzas mentirosas

Igüí llegó un día corriendo a casa de Oshún que era su madrina y le contó que Olofin había mandado a las garzas, sus emisarias, a que lo apresaran porque le había robado un obí. Oshún le dijo que no se preocupara, que ella iba a preparar algo que dejaría a las garzas muy sorprendidas. Dicho esto, regó un líquido en la puerta de su ilé.
sigue...
|