El perro y el cazador
Perro
vivía en el monte y cuando sentía que algún extraño traspasaba las
fronteras de aquel lugar, se ponía a ladrar. Así le avisaba a todos
los animales que se escondían presurosos. Esa era la causa por la
que el cazador incursionaba una y otra vez en el monte, mas no
podía capturar pieza alguna.
Un día el cazador se detuvo a escuchar los ladridos del animal y se
dio cuenta de que si no buscaba la forma de aliarse a él, jamás
podría obtener resultados satisfactorios de su trabajo. Fue así que
dejó un poco de la comida que llevaba para sí y se retiró.
Perro acudió inmediatamente después que vio irse al intruso. Se
comió aquello y le resultó más agradable que las raíces y los
restos animales muertos que eran su dieta hasta entonces.
Varios días siguió el hombre utilizando aquella táctica, hasta que,
al fin, hizo como si se retirara y se quedó escondido.
Perro volvió a buscar los manjares a los que ya su gusto se había
ido acostumbrando. El cazador lo sorprendió en la operación y le
habló dulcemente:
–Mira, si consientes en ser mi aliado, te llevaré a mi casa
donde no pasarás frío, comerás caliente y podrás contar con mi
amistad.
De momento, Perro no estuvo de acuerdo. El cazador estuvo varios
días sin volver y el estómago del animal comenzó a flaquear, pues
no era lo mismo aquella comida que le dejaba todos los días, que lo
que él malamente se podía agenciar.
Cuando el cazador volvió, Perro salió a su encuentro meneando cola
en símbolo de amistad. Hablaron largamente y el animal se fue
acompañando al hombre hasta su casa.
Extraído del libro "El mundo de los Orichas"
de Arisel Arce Burguera y Armando Ferrer Castro
Editado en el 1999 por Ediciones Unión.





