“El negro que se adentra en
la manigua, que penetra de lleno en un ‘corazón de
monte’, no duda del contacto directo que se establece con
fuerzas sobrenaturales que allí, en sus propios dominios, le
rodean: cualquier espacio de monte, por la presencia invisible o a
veces visible de dioses y espíritus, se considera sagrado.
‘El Monte es
sagrado’ por que en él residen,
‘viven’, las divinidades. ‘Los Santos están más
en el Monte que en el cielo’”.
El Monte, Lydia
Cabrera




